CONTIGO, SIEMPRE SERÁ UN HASTA LUEGO.

Pasaban las horas como minutos y los minutos se desvanecían más rápido que los segundos, el mundo daba vueltas tan rápido,y mientras las personas hablaban a mi alrededor, solo las podía oír más no escuchar, por más que intentará prestar atención, era imposible. La única pausa que sentía cada cierto tiempo, era la tranquilidad de tu mirada, que me abrazaba por la espalda, calentándome el alma, sin siquiera tocarme, y cuando perdía el contacto visual, mi estomago volvía a concentrarse en los vacíos constantes que me hacían querer vomitar, solo de recordar que ya se acerca el momento de verte partir.

Estaba tan molesta conmigo misma, no podía ser tan egoísta, a pesar de que nunca en la vida había confiado tanto en alguien, sentía tanto miedo, tenía mucho tiempo sintiéndolo, pero estas últimas horas incrementaban mi inseguridad, y me hacían querer no dejarlo ir, no compartirlo ni un solo segundo del día, segundos que iban aceleradamente en cuenta regresiva.

Para nadie es un secreto que se ha convertido en mi propia alma respirando y viviendo en otro cuerpo,  decir que verlo feliz es mi felicidad sería redundante, porque su felicidad la siento y la vivo en paralelo. Se convirtió en centro de atención en pocos días, debo admitir que esto movió mi más profundo enojo, porque aunque todos se ven siempre encantados de sentir su nobleza, casi palpable, no es precisamente eso lo que valora el mundo, y mucho menos lo que los trajo como hormigas a la miel; Fue su valentía, al mantener su boca cerrada, su espíritu intacto ante el veneno de la ignorancia, intentando siempre tocarlo, a través de los comentarios de su propia sangre, volteaban a verlo, por hacer de su vida lo que nadie esperó nunca y lo que muchos dieron como un caso perdido.

No me sorprendía su logro ni su determinación, porque mi fe inquebrantable se mantenía bien alimentada día con día, desde el momento en que vi su rostro por primera vez, y aunque siempre intento camuflar lo orgullosa que me puedo llegar a sentir, e intento no hacer alarde de las lecciones de vida que me da con tan solo mantener su paz interior, se que no existe la forma de que otros ojos no puedan ver  y otros seres no pueden dejar de sentir el amor que se me desborda con solo pensarle.

Verlo cruzar ese frío pasillo, y despedirlo como quien va al cielo, una sonrisa enorme, algo de nervios disimulados y más esperanza que oxigeno, fue desgarrador y emocionante a la vez, me hundía en pensamientos tontos, haciendo símil de la situación vivida, con dar a luz a un bebé, el dolor más feliz jamás sentido, y eso no fue lo único que cruzó por mi mente, pensé tantas cosas que fue un total desgate improductivo, entonces solo lo resumí en llanto y vacié mi mente y llene mis deseos con bendiciones, las cuales tenían un solo receptor.

No verlo regresar fue difícil, caminé con resignación y con ganas de volver a casa mágicamente en un segundo para poder ahogar un grito en el oído de mi almohada, tan alto y fuerte, que desprendiera de mi cuerpo esa sensación de que algo se había escapado dentro de mi. Pero era tan feliz, tan feliz que mi viaje en carro de regreso, se torno de muchos colores, la brisa me hizo sentir libre y me recordó que ahora más que nunca lo era el también.

Bajar del carro y despedirme fue sencillo, quería volver pronto a casa, pero el silencio de la mañana y el ruido de mis pasos los cuales creaban un profundo eco, se mezclaba al sonido de mis latidos fuertes, sabía que debía ser fuerte y que tenía una nueva meta bien trazada, reencontrarme conmigo misma, con el silencio y la soledad física, porque no podría decir jamás, que realmente me siento sola.

Ahora debo seguir viviendo mi día a día, planificar mi pronta partida, para volver a encontrarme con mi mitad, para ver de nuevo sus ojos, que es lo más me gusta hacer en esta vida, debo prepararme para ahora más que nunca ser verdaderamente una compañera, y sé que será muy pronto, aunque mis lagrimas alarguen la espera, porque no existe la manera de decirte adiós, contigo siempre será un hasta luego.